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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica (2do. Trimestre 2008)"

RECURSOS ESCUELA SABÁTICA 
MATERIALES ADICIONALES 

II Trimestre de 2008 
"Jesús es maravilloso" 

Lección 11 

(7 al 14 de Junio de 2008) 

¡Realmente ha resucitado! 



Dr. David Marshall ' 



El primer gran líder del cristianismo declaró: "Si Cristo no ha resucitado, nuestra predi- 
cación no sirve para nada, como tampoco la fe de ustedes" (1 Corintios 15:14, NVI). La 
resurrección es un hecho histórico. Sin ella, las creencias cristianas son nulas. 

Dos autores judíos (Joseph Klausner y Pinchas Lapide) y cuatro abogados judíos 
(Ross Clifford, Simón Greenleaf, Charles Colson y Frank Morison), habiendo examina- 
do las evidencias desde una posición neutral u hostil, llegaron a la conclusión de que 
la resurrección realmente fue un "evento histórico". Cada uno de los cuatro "testigos" 
(los autores de los Evangelios) pasaron con éxito las pruebas más rigurosas a las que 
fueron sometidos. La forma y el estilo de los escritores evangélicos son diferentes. Las 
discrepancias menores en sus testimonios son suficientes para demostrar que no hubo 
una confabulación y que representaban la evidencia de testigos oculares. 

Todas las explicaciones alternativas de la tumba vacía están basadas en las premisas 
de un "sistema cerrado" proveniente del siglo XVIII. Según este enfoque la resurrec- 
ción de Jesús no pudo haber ocurrido porque es un hecho que no se puede repetir. 
Los autores modernos han adoptado el concepto de que el universo se parece más a 
una gran idea que a una gran máquina. Por eso tienden a creer que la tesis en contra 
de los milagros es aceptable sólo si cada informe de milagros ha sido investigado y 
hallado falso. 

Los historiadores serios no fuerzan la evidencia para adecuarla a una conclusión pre- 
concebida, sino que la aceptan tal como es. En este artículo examinaremos la calidad 
de las fuentes históricas, la evidencia en favor de la muerte real de Jesús y la eviden- 
cia en apoyo de su resurrección. 



Las fuentes históricas 

F. C. Baur (1792-1860), junto con muchos de sus contemporáneos, supuso que los 
cuatro evangelios, básicamente, habían sido redactados en el siglo II, y que su registro 
de milagros representaba un embellecimiento de los hechos. John A. T. Robinson, que 

1 David Marshall (Ph. D., University of Hull) es historiador, autor de varios libros y numerosos artícu- 
los. El presente está basado en su ensayo "El Jesús resucitado", incluido en The Essential Jesús , 
editado por Bryan Bull y William Johnsson, y publicado por Pacific Press en 2002. 



había pertenecido a la escuela crítica de Baur, después de años de investigación, llegó 
a la conclusión de que todos los Evangelios, incluyendo el cuarto, fueron escritos antes 
del año 70 d. C. Reprendió a los críticos anteriores por su erudición "perezosa" y por 
una "ceguera casi voluntaria". 

R. T. France, después de examinar las nuevas fechas propuestas por Robinson para el 
Nuevo Testamento, declaró: "Creo que es probable que lo esencial, y tal vez todo lo 
que contienen los cuatro Evangelios, fue escrito sustancialmente en su forma actual, 
dentro de los treinta años de ocurridos los eventos, y que mucho del material ya había 
sido reunido y escrito una o dos décadas antes". 

Los informes de la resurrección y de las apariciones de Jesús se encuentran en IVIateo 
28; Marcos 16; Lucas 24; Juan 20 y 1 Corintios 15. Estas son las fuentes que contie- 
nen los testimonios de los testigos. 

John Wenham reconcilia las aparentes discrepancias de detalles entre los informes. 
Las variaciones en los detalles satisfacen a los abogados que examinaron los testimo- 
nios de la resurrección. Una autoridad concluyó: "En tales casos, las discrepancias su- 
perficiales no significan que no sucedió nada; más bien, significan que los testigos no 
estuvieron confabulados". 

Los primeros que anunciaron el mensaje de la resurrección lo hicieron en Jerusalén y a 
pocos centenares de metros de la tumba vacía. Cualquiera de los oyentes podría 
haber hecho una corta caminata para asegurarse de que la tumba estaba realmente 
vacía. Por cierto, 3.000 personas se convirtieron en un día al oír las buenas nuevas de 
la resurrección (Hechos 2:24, 41); 5.000 en otro día (Hechos 3:15; 4:2, 4), y además, 
"muchos de los sacerdotes" (Hechos 6:7). 



Evidencias de la muerte de Jesús 

Antes de que pronunciara la sentencia de crucifixión, el gobernador romano ya había 
ordenado que Jesús fuera azotado. Los 39 latigazos del flagrum en los hombros, la 
espalda y las piernas del prisionero penetraban en el tejido subcutáneo, transformaban 
la espalda en una masa irreconocible de tejidos sangrantes y lacerados y producían 
hemorragias arteriales en los vasos que se encuentran debajo de los músculos. Mu- 
chos no sobrevivían a los 39 azotes. 

En el pasado reciente, las investigaciones de arqueólogos israelíes ampliaron nuestro 
conocimiento acerca de la crucifixión como resultado de una excavación en el monte 
Scopus. Un clavo de 17 cm perforaba los huesos de ambos talones. Un clavo grande 
de hierro forjado atravesaba cada muñeca por delante. El dolor muscular debe haber 
sido penosísimo. El crucificado podía aspirar el aire, pero no lo podía exhalar. El anhí- 
drido carbónico se concentraba en los pulmones y en el torrente sanguíneo. La muerte 
ocurría por asfixia. 

Los romanos eran cruelmente eficientes con las crucifixiones. No quedaban sobrevi- 
vientes. 



Evidencia en favor de la resurrección 

Dos judíos ricos prepararon el cadáver de Jesús para su sepultura. Con gusto habrían 
renunciado a sus riquezas e influencia por un signo de que aún estaba vivo. Las muje- 
res fueron testigos: No había señales de vida. Y Jesús fue sepultado. 

Una piedra, que una autoridad moderna ha calculado que pesaría entre una y media y 
dos toneladas, fue puesta sobre la entrada de la tumba. El sábado -el día siguiente a 
la crucifixión- las autoridades judías pidieron al gobernador romano que asegurara la 
tumba con guardias. Se puso un sello sobre la piedra de manera que nadie pudiera 
sacarlo sin el conocimiento de las autoridades, y se colocó una guardia frente a ella 
(Lucas 23:50-56; Juan 19:38-42; IVIateo 27:57-66). 

La historia que contaron los guardias judíos o romanos sobornados -que el cuerpo 
había sido robado por los discípulos mientras ellos dormían- no hubiera sido comuni- 
cada sino por personas aterrorizadas, ignorantes, o que tuvieran fuertes intereses 
creados. ¿Cómo podrían los guardias saber quién había robado el cuerpo, si estaban 
dormidos? "Los soldados, los sacerdotes y Pilato evidentemente creyeron que había 
ocurrido algo sobrenatural -escribe John Wenham-. De ahí el interés de las autorida- 
des de proteger a los soldados". 

Entre las muchas dificultades de aceptar esta historia está la evidencia del sello roma 
no roto: Si se apresaba a los responsables, habrían sido ejecutados automáticamente. 
La idea de que un grupo atemorizado de discípulos se hubiera arriesgado a pasar en- 
tre los guardias del templo o entre un pelotón de soldados romanos para romper el se- 
llo es ridicula. Una autoridad declaró: "Ningún enfoque del origen de la fe en la resu- 
rrección de Jesús será satisfactorio a menos que se entienda el golpe atroz que fue la 
crucifixión para sus seguidores. Su ejecución fue seguida por una terrible crisis de fe". 
"'Nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel'". Esperábamos, 
tiempo pasado, fue como lo expresó uno de los discípulos (Lucas 24:21). La mañana 
de la resurrección encontró a los discípulos en un estado de conmoción y desilusión 
espiritual. No estaban preparados para la resurrección de Jesús. 

Fue necesario un encuentro objetivo y directo con el Jesús resucitado para cristalizar 
la fe de los discípulos en él, y llevarlos a proclamar su resurrección. Las visiones y ex- 
periencias subjetivas no lo hubieran logrado. Tenían que haber visto algo, algo real. 

Los testigos de la resurrección identificaron al Jesús resucitado con el Jesús terrenal. 
"Después de padecer la muerte, Jesús se les presentó dándoles muchas pruebas con- 
vincentes de que estaba vivo. Durante cuarenta días se les apareció" (Hechos 1:3, 
NVI). Cuando se dice que vieron a Jesús o que se les apareció, resulta claro que los 
discípulos lo vieron con sus propios ojos. "IVIirad mis manos y mis pies", les dijo. 
"¡Hemos visto al Señor!" anunciaron los testigos (IVIateo 28:17; Lucas 24:34, 39-46; 
Juan 20:14, 18, 20; 1 Corintios 15:5-8). Se indica que Jesús les liabió (IVIateo 28:9, 18- 
20), que caminó (Lucas 24:13-16), que distribuyó aumentos (Lucas 24:30), que comió 
(Lucas 24:43, Hechos 1 :4), que liizo señaies (Juan 20:30), que aizó ias manos y los 
bendijo (Lucas 24:50), que mostró sus manos y su costado (Juan 20:20), y que fue to- 
cado {MaXeo 28:9). 



La tumba vacía era la evidencia indispensable para el lanzamiento del cristianismo en 
Jerusalén. Si la tumba nueva de José no hubiera estado vacía, las autoridades del 
templo, que estaban bajo fuerte presión, sencillamente hubieran hecho abortar el mo- 
vimiento con sólo una corta caminata al sepulcro, haciendo desfilar el cuerpo de Cristo 
por las calles de la ciudad. "No hicieron esto porque sabían que la tumba estaba vacía. 
La explicación oficial que dieron para ello -que los discípulos habían robado el cuerpo- 
- era una admisión de que el sepulcro realmente estaba vacío". Tanto las fuentes y 
tradiciones romanas como las judías -que van desde Flavio Josefo a una compilación 
de escritos judíos del siglo V llamada Toledoth Jeshu- reconocen la realidad de la 
tumba vacía. Si una fuente documental admite un hecho que decididamente no está en 
su favor, eso se convierte en una fuerte evidencia de que el hecho es genuino. 

Los sumo-sacerdotes y el Sanedrín mostraron gran habilidad política al tratar con Pila- 
to. Hubieran necesitado muy poca sagacidad para habérselas con los seguidores de 
Cristo si hubieran conocido el paradero del cuerpo. En cambio, las autoridades judías 
se limitaron a perseguir a los discípulos de tanto en tanto, amenazándolos con la muer- 
te si no dejaban de predicar al Cristo resucitado (Hechos 5:17-42). No podían hacer 
mucho más. La tumba estaba vacía; existía la fuerte impresión de que había ocurrido 
algo sobrenatural; y un número creciente de personas (incluyendo a sacerdotes) abra- 
zaban la verdad de la resurrección. 

Frank Morison tituló su convincente examen de la evidencia ¿Quién movió ia piedra? 
Esa pregunta debe haber desconcertado a quienes querían creer que los discípulos 
habían robado el cuerpo. Una piedra que pesaba una tonelada y media o dos habría 
tenido que ser removida. Mateo menciona que hicieron "rodar una gran piedra a la en- 
trada del sepulcro". El verbo griego para "rodar" es /cú/Zo. En su informe de la posición 
de la piedra después de la resurrección, IVIarcos colocó una preposición con el verbo. 
En griego, como en castellano, para cambiar la dirección o la intensidad de un verbo, 
se añade una preposición. Marcos añadió la preposición ana, que significa "arriba" o 
"hacia arriba". La palabra que usó Marcos, analiúiio, puede significar "hacer rodar algo 
hacia arriba en una cuesta". Lucas añade al verbo una preposición diferente, apó, que 
significa "a una distancia de". De modo que la piedra no sólo fue movida, sino que fue 
movida a cierta distancia cuesta arriba. 

Juan (en el capítulo 20) usa un verbo griego diferente: airo, que significa "levantar algo 
y llevárselo". Aun si los soldados hubieran estado durmiendo, tendrían que haber sido 
sordos para no haber oído el desplazamiento de una piedra de ese tamaño. 

Las apariciones de Jesús no fueron estereotipadas. Apareció de maneras diferentes 
en una variedad de localidades. María Magdalena se acercó a él como si fuera el jar- 
dinero. Para los que caminaban hacia Emaús, fue como un compañero de jornada. A 
los apóstoles en el aposento alto se les apareció (dos veces) cuando la puerta estaba 
cerrada. En otra ocasión, les preparó un desayuno a orillas del mar de Galilea. Luego, 
también en Galilea, apareció a 500 personas a la vez. Las reacciones fueron de temor, 
de emoción abrumadora y hasta de incredulidad obstinada. Cuando Cristo se le apare- 
ció a Pablo cerca de Damasco, se estaba presentando a su mayor enemigo. Las muje- 
res lo vieron primero. Si los informes de la resurrección hubieran sido fabricados, las 
mujeres nunca habrían sido incluidas en la historia, y mucho menos, con la indicación 
que fueron las primeras testigos. 



Evidencia circunstancial 

• La existencia de la Iglesia Cristiana. ¿Cómo podría haberse originado este movi- 
miento en base a una mentira? ¿Por qué los cristianos, descritos como "de moral 
pura y austera", por un enemigo del cristianismo, se habrían dejado golpear, apri- 
sionar, torturar y ser ejecutados, si seguían una mentira? Si todo fue un fraude per- 
petrado por tales personas, ¿por qué algunos de ellos no renunciaron a su fe, aun 
bajo amenaza de muerte? 

• El bautismo de los creyentes. Este rito, que data de los primeros años de la iglesia 
primitiva, demostraba una preocupación por la muerte, la sepultura y la resurrec- 
ción de Cristo. Para llegar a ser cristiano era necesario identificarse públicamente 
con la muerte, sepultura y resurrección de su fundador (ver Romanos 6:3-9). 

• Vidas transformadas. Los cobardes del Getsemaní llegaron a ser los héroes del 
Pentecostés, lo que sería inexplicable sin la resurrección. Si los nuevos creyentes 
hubieran recibido prestigio, riquezas y un estado social distinguido al profesar a 
Cristo y su resurrección, su profesión sería lógicamente comprensible. Sin embar- 
go, en realidad, sus "recompensas" eran de un tipo diferente, que eventualmente 
involucraba leones, crucifixión, y todo otro método imaginable para impedirles que 
hablaran. El cambio revolucionario en las vidas de los primeros apóstoles ha sido 
replicado millones de veces en los dos milenios de la historia cristiana. 



Los argumentos de la oposición son inadecuados 

Los argumentos presentados generalmente en contra de la resurrección de Jesús no 
soportan una investigación cuidadosa. 

• Que las autoridades retiraron el cuerpo de Jesús. Si las autoridades judías o roma- 
nas hubieran retirado el cuerpo de Jesús y lo hubieran vuelto a sepultar, todo lo 
que tenían que hacer para aplastar al cristianismo en los días y años siguientes era 
decir: "Dimos órdenes de retirar el cuerpo", y luego mostrar dónde se lo había ente- 
rrado o eliminado. Esto nunca ocurrió. 

• Que los discípulos retiraron el cuerpo. Los discípulos no podrían haber confrontado 
a los guardias del templo o a un pelotón de soldados romanos, ni hubieran podido 
quitarla piedra. 

• Que las mujeres fueron a la tumba equivocada. Esta teoría sostiene que las muje- 
res estaban tan angustiadas que en el amanecer fueron a un lugar equivocado. Sin 
embargo, el sello y la guardia harían que se viera claramente la tumba correcta, 
aun a la tenue luz del amanecer. Por otra parte, si las mujeres hubieran ido a una 
tumba equivocada, los sumo sacerdotes y los otros enemigos de la fe rápidamente 
hubieran ido a la tumba correcta y mostrado el cuerpo. 

• Que Jesús se había desmayado y revivió en la tumba. Esta teoría enseña que a 
pesar de la terrible flagelación y de la pérdida de sangre, de los clavos en los tobi- 
llos y las muñecas, de las horas a la intemperie sobre la cruz, y del lanzazo en su 
costado, de alguna manera, Jesús sobrevivió. Esta teoría apareció por primera vez 
en el siglo XVIII cuando, aparentemente, era posible creer que una persona podría 
sobrevivir en una tumba húmeda sin comer ni beber o recibir ninguna atención; que 



podría sobrevivir a la pesada envoltura del manto funerario en el que fue envuelto, 
cargado de especias; y que luego podría reunir las fuerzas necesarias para sacar- 
se el manto funerario, quitar la piedra delante de la entrada, sobreponerse a los 
guardias y caminar muchos kilómetros con los pies perforados, para ser recibido 
como el Conquistador de la IVIuerte y el Príncipe de la Vida. David Strauss, un no- 
table crítico del siglo XIX, quien no creía en la resurrección y la rechazó, escribió: 
"Es imposible creer que alguien que habría salido de la tumba medio muerto, se 
hubiera arrastrado en su debilidad, necesitado de tratamientos médicos, vendajes, 
fortalecimiento y tiernos cuidados, y que por fin habría sucumbido ante el sufrimien- 
to, pudiera alguna vez dar a los discípulos la impresión de que había conquistado 
la muerte y la tumba". 
• Que el Cristo resucitado apareció sólo a los creyentes. Esto no es cierto. Tomás, al 
principio no fue creyente. Parece probable que Santiago, el hermano de Jesús, no 
era un creyente cuando el Cristo resucitado se le apareció a él; ciertamente había 
sido incrédulo durante el ministerio terrenal de Cristo (1 Corintios 15:7; IVIarcos 
3:21 ; 6:3, 4; Juan 7:5). Por el hecho de que a Santiago se lo nombra en primer lu- 
gar entre los 120 discípulos que estaban juntos en Jerusalén al tiempo de la as- 
censión, y por el hecho de que Pablo, un adversario de Cristo, se convirtió después 
de un encuentro con él, es claro que algunos llegaron a ser creyentes y testigos 
después de ver al Cristo resucitado. 

Richard Swinburne, que examinó recientemente el problema de la resurrección desde 
una posición científica y racionalista, llegó a la conclusión de que "la detallada eviden- 
cia histórica" es "tan poderosa" que, "a pesar del hecho de que tal resurrección hubiera 
sido una violación de las leyes naturales, el balance de la probabilidad está en favor de 
la resurrección". Un abogado o un historiador desapasionados tendrían que considerar 
el caso como demostrado. 



Dr. David Marshall 



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